تَقْوَى
Esta aleya nos recuerda que el valor de nuestras obras no está en su apariencia, sino en la piedad sincera que las impulsa.
لَن يَنَالَ ٱللَّهَ لُحُومُهَا وَلَا دِمَآؤُهَا وَلَٰكِن يَنَالُهُ ٱلتَّقۡوَىٰ مِنكُمۡۚ
Ni su carne ni su sangre llegan a Allah; lo que llega a Él es vuestra piedad.
Corán, Al-Hajj 22:37
En el contexto del sacrificio, Allah precisa que la carne y la sangre no llegan a Él. Lo que llega es la piedad sincera que nace del corazón. La acción externa solo tiene valor si la acompaña una intención recta. Nuestras prácticas religiosas pueden convertirse en hábitos. La aleya nos invita a revisar la intención: ¿buscamos agradar a Allah o aparentar? La sinceridad convierte cada gesto en adoración.
Antes de hacer hoy una buena acción, tómate un minuto para renovar la intención de hacerla solo por Allah.
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